CARLOS RODRÍGUEZ “El alquimista de instantes” – Del 25 de de mayo al 13 de junio de 2017. SALA C

Sala C. Del 25 de de mayo al 13 de junio de 2017.

CARLOS RODRÍGUEZ  “El alquimista de instantes”

Inauguración: 25 de de mayo a las 20:00 horas

 

Carlos Rodríguez

Natural de Arbo, Pontevedra, España.

A los 19 años, en 1970, fija su residencia en Zurich (Suiza), donde se forma profesionalmente durante cinco años. A su regreso a España y desde Vigo, inicia su trayectoria profesional con colaboraciones en los medios de comunicación nacionales y gallegos. En 1994 funda Ferramulín Ediciones. Entre sus clientes corporativos se encuentran: Turespaña, Xunta de Galicia, Turgalicia, Paradores Nacionales de Turismo, Citroën, Peugeot, General Motors, Porsche España, Ford España, etc…

Sus trabajos figuran en publicaciones profesionales como Art Directors e Index to Fotographers y es autor de diversos libros como: Galicia Instante Eterno, Sonidos de un Viaje Milenario, Catedrales de España y sus Paradores, El Reinado de los Sentidos, Camino de Santiago y sus Paradores, Libro Conmemorativo de los 500 Años del Hostal de los Reyes Católicos, Santiago de Compostela y  Paradores de Turismo de España.

Ha colaborado con El Mundo de las Peregrinaciones, Roma, Santiago, Jerusalén, de la Editorial Jaca Book SpA.

 

Premios

GOLD 95 a la mejor edición de 1995 promovido por “The Donside Print Awards” (Gran Bretaña), al libro Galicia Instante Eterno, publicación institucional para la Xunta de Galicia.

En 1995 recibe el premio ALIMARA 95 de la Universidad de Barcelona a los mejores Carteles Turísticos de España, una de las más relevantes distinciones del mundo Turístico.

En 1996 recibió el primer premio a los mejores carteles Turísticos de Europa en Lisboa

 

Ferias

Participa en las ferias más importantes de arte

contemporáneo de España, con obra en ARCO Madrid 2016

y SUMMA 2015 en MATADERO (Madrid).

 

Exposiciones

Desarrolla su faceta más libre y artística, en la fotografía arquitectónica destacando entre otros trabajos en España:

Torre REPSOL (YPF) Madrid, del Estudio de Arquitectura Norman Foster and Partners.

Ciudad de la Cultura de Galicia del arquitecto Peter Eisenman.

Torre CAIXABANK en La Cartuja, Sevilla, diseñada por el arquitecto César Pelli.

Reforma del edificio histórico de Telefónica en la Gran Vía madrileña como nueva sede de la Fundación Telefónica, proyecto del estudio Quanto Arquitectura.

Reportaje sobre las Torres BANCOMER en México DF (BBVA), diseñadas por el estudio SOM (USA) y la Torre Burgo en Oporto (Portugal) diseño de Souto de Moura.

SONIMAGFOTO (FUJI FILM ESPAÑA, Barcelona 1993) Galicia Instante Eterno.

Galería SÍNTESIS (Madrid 2007) Sonidos del Silencio.

ESPACIO CLOROFILA DIGITAL (Madrid 2011) La Deconstrucción. Fundación Telefónica.

Museo de la Historia y Arte Contemporáneo de Chelyabinsk (Rusia).

Silence & Conclusions (Rusia 2015).

ART DISTRICT (Sevilla 2016).

 

Cosmética de lo cotidiano

 “Si hay en la fotografía una fuerza irresistible, si hay en ella algo que parece de una gravedad absoluta, es que, con la fotografía, ya no nos resulta posible pensar la imagen fuera del acto que la hace posible.”

Philippe Duboise

 

“Hablamos de un hombre que no hace literatura con la realidad, sino que escribe —por medio de la luz— la realidad misma.

Con una formación y trayectoria muy singulares en el mundo de la fotografía, el trabajo de Carlos Rodríguez revela una inequívoca señal de identidad: la sustantivación de los ideales de la cosmética y la eficacia del maquillaje como paliativos convincentes ante la adversidad del horizonte dispuesto a la mirada.

¿Qué quiere decir esto? Que su obra es un ejercicio sistemático de restitución de la cosmética de lo cotidiano, maniobrando las virtudes de una observación que busca en lo real los signos de lo bello. Rodríguez es un rabioso hedonista, un constructor de belleza, un incitador del contraste, un hacedor de espacios de luces y sombras en los que el objeto (o sujeto) de cada fotografía suya se eleva al status de una “visión privilegiada”. No se trata aquí de ese hacedor de imágenes que busca en los mundos prohibidos o en los espacios vírgenes de interferencias la sed de una imagen nueva e impoluta, por el contrario. Hablamos de un fotógrafo de raza que atribuye belleza sustancial y armónica a los accidentes de lo real.

La búsqueda no es entonces el instante de la fuga, de la evasión y del éxodo hacia otro costado de la realidad más cercana a la ficción que a la vida misma. Es, diferente de ello, la concentración artesanal en el objeto que abunda y que nos asiste. Se trata de coches, edificios modernos, catedrales, competiciones de autos, paisajes, espacios para la construcción y fabulación de la utopía. Son esos espacios y no otros de los que se sirve este artista gallego para articular un decir en el que la escenificación no es el fin ni el medio: la foto se desnuda de la variante barroca impostada para captar esos mismos signos de lo barroco-real que dibujan el perfil de los múltiples escenarios de actuación en los que habitamos cada día. Rodríguez no construye la mirada a tenor de una mecánica de la ficcionalización de lo visto. Distinto de ello, lanza la mirada sobre el objeto de la fotografía e intenta capturar ese  instante de la felicidad de lo bello que a muchos pasa desapercibido.

Puede entenderse el trabajo fotográfico de Carlos Rodríguez como una clarísima y meridiana “operatoria de asignación”, o sea: asignar belleza al cuerpo de lo real, focalizar sus virtudes frente a la aspereza del ojo. Sus fotos buscan dar fe de ese cosmos que los antiguos griegos entendían como un estado de confluencia (y de convivencia) entre la belleza y el orden. Sus fotografías son casi matemáticas en cuanto a exactitud y casi clínicas en lo que a pulcritud se refiere. La fotografía es la técnica de captar imágenes permanentes con una cámara, por medio de la acción fotoquímica de la luz o de otras formas de energía radiante, para luego reproducirlas en un papel especial. Esa transferencia, ese proceso que a la larga se instrumentaliza termina por producir los signos de una nueva escritura.

Carlos habita en ese limbo, en ese sitio de ambigüedad y de resistencia en el que la imagen nos redime de nuestra animal humanidad.”

Andrés Isaac Santana